Por esos momentos en los que te sientes tú mismo, en los que nada te hace cambiar. Acompañado de aquellos que te hacen reír, disfrutar, sacar esa sonrisa que probablemente no saques a menudo. Por esos momentos en los que tu mundo se paraliza, porque no hay preocupaciones que valgan cuando eres feliz. Es esa felicidad la que debíamos sentir todos, la que ninguna persona debía echar en falta, pues gracias a ellos afrontamos el día a día con ilusión y no con tristeza.
Por eso deberíamos agradecer que existan personas sin igual, que te han acompañado siempre, y posiblemente para siempre.


