jueves, 2 de enero de 2014
Que vuelvan los tiempos en que alegría y dolor significaban ninguna preocupación. Que vuelvan los tiempos en que jugar con una hoja de papel rota y desgañitada consistía en realizar la felicidad en su máximo grado. Que vuelvan los tiempos en que estar con tus amigos y pasar el tiempo con tu familia significaba algo grande, y sin darnos cuenta perdimos ese tiempo, ignorantes ante un mundo demasiado imperfecto. Un tiempo perdido, del que ni los mejores momentos recordamos, ni podemos disfrutar de nuevo. La esencia de la vida, de la empatía, de la ignorancia y el apego a aquellas cosas que hoy, sin saber por qué, echamos en falta. No poder regresar a aquellos jardines que desconocíamos, con gente extraña, en el que cada minuto, ahora conocedores de la situación, valía más que nada. Y ahora cuando observamos a las pequeñas criaturas vivir igual, o incluso mejor, nos damos cuenta que aquellos eran momentos sin igual, y que no volverán nunca. A mi lado un joven con un balón, y yo sin saber qué hacer con él. Antes lo cogería y lo lanzaría sin preocuparme en darle a alguien o en lo que los demás pudieran pensar. Ahora la dificultad llega, llega que no todo cuerpo es capaz de soportar un peso igual, un peso que significa mucho más que todo lo que se nos viene encima. Un peso llamado Nostalgia.